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Hunter S. Thompson: El chico rebelde del periodismo

Cuando los diarios del siglo XX sufrían de excesiva formalidad, lineamientos y, sobre todo, ética, llegó Hunter S. Thompson, un hombre que amó las drogas, el alcohol, las armas y el entretenimiento como nadie; su objetivo fue mostrar el lado más repugnante de la sociedad, porque aunque queramos o no, él fue el exceso que todos queremos llegar a experimentar.

Leer y escribir acerca de terceras personas en un limitado formato (qué, cómo, cuándo, dónde y por qué) fue insoportable para esta mente saturada de cocaína; no bastaba con consultar viejos anaqueles con olor a burocracia, él tomaba su maleta llena de ilegalidad alucinógena y emprendía un verdadero estudio antropológico rompiendo –quemando y fumando- cada parte de una realidad nueva: la de los delincuentes, adictos, políticos y mártires del moralismo.

Sus palabras son sensatas para aquellos que viven la vida desde el origen de sus problemas, y el esnobismo, siempre acercándose con cuidado de no ser descubierto. Nunca se anduvo con juegos: no puedes comprender a un alcohólico si no rompes una botella sobre la cabeza de alguien más, y menos, tratar de salvar a un hombre de las garras del hedonismo, si no te inyectas heroína en las venas ya casi secas.

Thompson sabía que cuando pasara a la otra vida, por ningún motivo la muerte se llevaría el papel protagonico. Por eso tomó una de las tantas pistolas que tenía en casa, la colocó en su cráneo y dejó que el plomo conquistara los recuerdos más placenteros que alguien haya gozado. Murió el 18 de julio de 2005 a los 67 años en su casa de Colorado.

Comprueba todo esto que decimos con tres de sus publicaciones obligatorias y de las que no te vas a aburrir en ningún momento: Miedo y asco en Las Vegas, Los Ángeles del infierno: Una extraña y terrible saga y The Rum Diary: A Novel.