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CARTA DE AMOR A JOSS WHEDON PARTE II

Continuamos con la celebración de la obra de Joss Whedon. Si te perdiste el artículo de ayer sobre The Cabin In The Woods, puedes verlo aquí. El día de mañana hablaremos sobre The Avengers y Whedon en los comics.

CARTA DE AMOR A JOSS WHEDON PARTE II: EL WHEDONVERSE TELEVISIVO

Cuando David Simon tiene algo que decir, uno tiene que prestar atención. Sobre todo si es un tema de interés político o social. Pero particularmente si habla de televisión. Después de todo, el hombre es el responsable del mejor drama televisivo en la historia. Uno que es constantemente mencionado en la misma oración que algunos de los trabajos literarios más trascendentes y que se se separa del resto de lo que habíamos visto en la pantalla chica en cuestión de ambición narrativa.

Por supuesto que me refiero a The Wire. Que para un servidor y un gran grupo de devotos, no es nada menos que la gran novela americana de nuestros tiempos. Sólo que ésta no estuviera en un libro, sino fuera transmitida por HBO.

Recientemente Simon regresó a escribir para su sitio davidsimon.com donde se ha dedicado a compartir sus pensamientos a través de prosa, links y entradas de blog. Una de estás ultimas hablaba sobre una especie de torneo de sesenta y cuatro dramas organizado por The Vulture, donde por medio de votación de los lectores iban eliminándose, enfrentando una serie contra otra, hasta que solamente quedara una.

La final enfrentó a The Sopranos contra The Wire, siendo la última la ganadora. Simon agrega en su blog al respecto:

La gente que creó [The Wire] lo hizo para crear conmoción. Pensamos algunos argumentos prolongados sobre si la clase de país que hemos construido es algo bueno y si dichos argumentos y discusiones alguna vez ocurren en la vida real, nos sentiremos reivindicados en nuestro propósito, mas que si alguien participa en un argumento de porque The Wire es el mejor show en años (Buffy, por cierto era la respuesta correcta a ese particular torneo de corchetes).

Si el creador del que consideramos la mejor serie de todos los tiempos, considera que Buffy The Vampire Slayer es a su vez el mejor programa en años recientes ¿Quienes somos nosotros para argumentar la calidad de la serie protagonizada por Sarah Michelle Gellar y creada por Joss Whedon?

El legado televisivo y el culto a la obra de Whedon empieza en la TV y la serie de la cazadora de vampiros que duró siete temporadas, misma que nos presentaría algunas de las características comunes que conoceríamos como parte del repertorio de Whedon: sus fuertes inclinaciones feministas, el repetir trabajo con los mismos actores, su pasión y conocimiento del género fantástico, su increíble capacidad para escribir dialogo ingenioso y de como es experto de meter temas espirituales y políticos, sin que nunca lleguen a sentirse como sermones.

Todo esto ha logrado que su trabajo inspire una devoción como la que pocos creadores gozan en la actualidad.

Buffy The Vampire Slayer inició como una película. Creada y escrita por Whedon, éste se lavó las manos del proyecto después que la directora Fran Rubel Kuzui cambiara la visión e intención del guión y el actor Donald Sutherland creara nuevas líneas para el personaje de Merrick Jamison-Smythe, mentor de Buffy.

Whedon, proveniente de una familia de escritores de TV (su abuelo y su padre) y quien ya había sido guionista para Roseanne cuando era el programa más popular en los Estados Unidos tenía la mirada puesta en las grandes producciones de Hollywood y no podía verse trabajando en otro lado que no fuese haciendo películas.

Esta instancia cambiaría rápidamente, cuando un productor en Fox le ofrece revivir el concepto de Buffy, aunque esta vez como serie, con la intención de crear un programa dirigido al público de Power Rangers, el programa infantil más popular de aquel entonces.

Sin embargo, la contrapropuesta de Joss es totalmente diferente. Si la película distaba mucho de su visión original, en esta ocasión haría bien las cosas, a su manera. Su idea tenía que ver con una versión oscura, pero divertida. Sería inteligente pero juvenil.

Whedon, estudioso de teorías feministas y del género, le frustraba el arquetipo de la rubia pequeña que entra al callejón y es inevitablemente asesinada en las películas de terror. Su intención era de intercambiar los roles. En este caso, no sólo la animadora sería el personaje principal, sino que además sería el personaje más fuerte, el ancla emocional del programa. Y aunque Buffy Summers se puede considerar un ícono feminista, rompe el molde de todos los anteriores. Buffy es popular y bonita, no atiende un café orgánico, ni cita a Camile Paglia o porta parches de Bikini Kill. A Buffy le interesa asistir a fiestas, la confunden las relaciones y el sexo, le aturde el peso de sus nuevas responsabilidades y su destino como la elegida y existen dentro de ella toda clase de contradicciones e incoherencias, comunes en cualquier adolescente.

La serie es estrenada en 1997 en el joven canal de The WB y la crítica inicialmente no sabe qué esperar de un programa originado en una mala película y con un nombre tan absurdo.

Sin embargo, poco a poco, el público empieza a identificarse. Los personajes en el universo de Buffy tienen diálogos brillantes y realistas. La juventud entiende la idea de Whedon y el resto de los escritores: El verdadero terror al que enfrenta Buffy y la Scooby Gang (nombre del grupo de amigos de la cazadora en honor a Scooby-Doo) no son los monstruos que inequívocamente llegan a Sunnydale (localizada justo arriba de Hellmouth o “Boca del Infierno”), sino vivir día a día la preparatoria y todas las expectativas, miedos y terrores que esto conlleva.

El alcance de historias aumenta al igual que el elenco. No sólo un grupo de ávidos fanáticos apoyan al show, sino que también la crítica ha aprendido a amar y entender la visión de sus creadores.

No afecta el hecho de que está lleno de toda clase de inteligentes referencias de cultura pop y está llena de humor brillante.

Continuando con la tradición de Moonlighting y The X-Files previo a ello y lo que Community haría algunos años después, Buffy The Vampire Slayer se caracteriza por ser un show que experimentó con las posibilidades del medio: había episodios musicales, otros sin diálogos; una semana podía ser una comedia hilarante o un drama conmovedor.

Los personajes crecieron, cambiaron, maduraron. La audiencia formó un vínculo con ellos que era mucho más importante que la amenaza que enfrentarían durante el programa en cualquier semana. Pelearon contra dioses, entraron a tierras de sueños y tuvieron la batalla final más épica, sin nunca perder de vista el núcleo emocional del programa.

Uno de los personajes favoritos de entre los fanáticos, es Angel (otrora Angelus y Liam), un vampiro de 242 años maldito por tener alma, quien enfrenta a la cazadora y termina estableciendo relación romántica.

En cinco temporadas, Angel amplió la mitología de Buffy hacia otras direcciones y continuó aún otra temporada más después de la última temporada de la serie de la cazadora, cerrando su saga con uno de los capítulos finales mejor realizados en los últimos tiempos.

Durante el ocaso de Buffy y el punto intermedio de Angel, Whedon iniciaría la producción de su tercera serie al aire. Una que resultaría la que provocaría mayor devoción de parte de sus seguidores y que lamentablemente sería la más corta de entre todos sus proyectos.

Firefly es un western espacial que transcurre en el siglo XXVI. En esta conocemos a la rebelde tripulación del Serenity, conformada por nueve arquetipos que escapan de la mafia y The Alliance (el gobierno del futuro). Este grupo que interpreta a esta partida de vaqueros especiales es el mejor ensamble armado en cualquier proyecto televisivo en el que el sujeto de este texto haya participado hasta el momento.

El programa supo balancear dosis de ciencia ficción, el humor, meditaciones filosóficas, digresiones políticas y sociales y antes de su lamentable cancelación se colocó como uno de los mejores programas de la década pasada, no sólo por lo expuesto en catorce (sniff) episodios, sino por el potencial que tenía para haber desarrollado algunos de las ideas tan interesantes que dejaron incompletas.

El capitán Reynolds (brillantemente interpretado por Nathan Fillion) y el resto de la tripulación de la nave concluirían su historia en Serenity, primera película escrita y dirigida por Whedon que llegaría a salas de cine en el 2005.

De entre todos los proyectos televisivos de Whedon, es Dollhouse el que menos devoción provoca entre las creaciones del escritor / productor.

La historia trata de la historia de Echo – interpretada por Eliza Dushku, Faith en Buffy – quien es una Active, individuos que a cambio de una gran cantidad de dinero almacenan su personalidad y memorias en un disco duro para servir por un período de cinco años a una corporación que maneja una serie de locales a nivel mundial conocidos como “Dollhouses” (Casas de Muñecas). Los Actives realizan toda clase de actividades para el mejor postor, pero a diferencia del resto, Echo es capaz de recordar algunos detalles de su vida pasada, lo que desarrolla un estudio interesante sobre uno de los temas que más apasiona a la TV hoy día: La identidad.

Aunque inicia lentamente, Dollhouse empieza a ganar tracción avanzando la narrativa, mas sufre el mismo fatídico destino que Firefly: dejar la historia inconclusa al sólo durar dos temporadas de trece episodios cada uno.

Whedon, escritor extraordinario, ha sabido aprovechar la amplitud que provee la televisión para narrar historias. Ha permitido explorar a profundidad sus personajes, permitiéndoles adquirir conocimiento acumulativo: si comparas a Buffy Summers del piloto junto a la que dirige la batalla final en el final de la temporada siete, podrás darte cuenta que aunque es el mismo personaje, ha crecido, ha evolucionado y madurado.

No es casualidad que su novelista favorito sea Charles Dickens y sea un estudioso de la narrativa, del cine, el comic y la televisión.

Si juntamos la mala suerte que ha tenido en sus dos últimos proyectos y lo aunamos que ahora comanda la nave de la que se pinta para convertirse en una de las películas más taquilleras de los últimos tiempos, es difícil pensar que podríamos tener a Whedon de vuelta en la TV pronto, más cuando es bien sabido que es una persona increíblemente enfocada y obsesionada en su trabajo.

Sin embargo, no todo está perdido. Ha habido muchos proyectos que no ha podido llevar a cabo, como una serie animada de Buffy (abajo el video de una propuesta que hizo junto con Jeph Loeb, escritor de comics y que trabajó en Lost y Heroes) además de un spin-off de Giles de Buffy llamado The Ripper.

Afortunadamente las aventuras de todos los personajes de estos programas continúan en forma de comic y el mismo Whedon no descarta la inquietud de un día regresar al medio que lo lanzó al estrellato multimedia masivo. Incluso señala que de entre todos, sigue siendo su favorito.

Propuesta de Buffy The Animated Series


La televisión vive su era dorada, gracias en parte a gente como Joss Whedon. Me conflíctua pensar que este visionario no estará presente pronto en el medio que hizo que me convirtiera en un wheedonita más.