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CARTA DE AMOR A JOSS WHEDON PARTE III

Antes de empezar a leer este capítulo final de la trilogía, te recomendamos leer la parte I y parte II.

Carta de amor a Joss Whedon parte I

Carta de amor a Joss Whedon parte II

Ahora sí, comienza la entrega final.

THE AVENGERS

En la primera parte de esta trilogía de textos sobre Joss Whedon escribí sobre la cultura del exceso de información que actualmente vivimos, utilizando como referencia a The Cabin In The Woods, la cual debido a la bancarrota del estudio Metro-Goldwyn-Meyer estuvo guardada por casi tres años antes de llegar a salas de cine y que tiene la fortuna de ser estrenada justo cuando su escritor y productor, Joss Whedon se encuentra en boca de todos gracias a The Avengers.

Aunque ésta última no está llena de los sorpresivos giros de trama como la primera, traicionaría el objetivo de lo escrito el revelar detalles – por mínimos que pudieran ser – sobre uno de los eventos cinematográficos más esperados del año, por lo que pueden seguir leyendo sin preocuparse por encontrar cualquier clase de spoiler.

Sepan de antemano que es difícil para mi ser imparcial respecto a The Avengers. No sólo se trata del título cuyas virtudes y valor he defendido a capa y espada desde la niñez. Cuando los pocos conocidos que leían comics hablaban sobre Spider-Man, X-Men, Batman o The Punisher, siempre los preferí. Cuando a finales de los ochentas y casi todos los noventas se sintieron como ciudadanos de segunda en el Universo Marvel, eran y siguen siendo mi equipo favorito, comandado en la mayoría de las ocasiones por mi héroe predilecto, Captain America. A todo esto agregamos que la película la escribe y dirige uno de los guionistas / escritores que más admiro y cuyas creaciones televisivas más me han marcado. Estaría justificado si quien lee esto dudase de la veracidad y objetividad de estas palabras.

De la misma forma, podría argumentar que al tener una inversión emocional tan grande, mis expectativas han sido las más elevadas, así que si me refiero en términos superlativos es porque la película cumple con lo prometido con creces. Pero ¿Qué sería entonces “lo prometido”?

Una película de este calibre, requería de un trabajo que fuera más allá de lo cinematográfico. La casa editora invirtió mucho tiempo, dinero y esfuerzo con el simple objetivo de que esto saliera correctamente. Las apuestas – económicas y creativas – son muy altas considerando el estándar sentado por Christopher Nolan en las dos entregas que ha dirigido de Batman. La compañía estaba consciente que debía hacer algo no menos épico ni ambicioso pues resultaría contraproducente.

La promesa nace con una idea. Una que se plantó a principios del milenio con el lanzamiento del universo Ultimate. Ultimate Marvel es un sello de comics publicado por Marvel Comics, el cual imagina de una nueva forma a los personajes clásicos de la compañía, de forma más acorde a la narrativa y ciencia contemporánea, librando a muchos de los personajes clásicos de pasados intrincados y orígenes obsoletos. El objetivo era, además de encontrar nuevas formas de contar historias de un modo que permitiese la expansión novelística y un sentimiento cinematográfico; sentar las bases para el Universo Marvel compartido de la pantalla grande, uno que se sintiera coherente y conectado.

Para ello, juntaron a algunas de las mentes más brillantes del medio del comic, escritores de la talla de Brian Michael Bendis, Warren Ellis y Mark Millar además de Orson Scott Card (autor del legendario libro de ciencia ficción Ender’s Game). Estos fueron los responsables de darles un toque más actual a estas figuras mitológicas modernas, siendo muy cuidadosos de que no perdieran la esencia que brinda poder de permanencia. Fue el escocés Millar quien creó The Ultimates, la actualización para el siglo XXI de The Avengers y escribió los dos primeros arcos narrativos conocidos como: The Ultimates y The Ultimates 2. A diferencia de las primeras aventuras de The Avengers en los sesenta, The Ultimates cuenta con un tono más cínico, oscuro y realista. Uno más acorde a nuestros tiempos y del cual se inspiran en gran medida para la película de Whedon.

Cabe recalcar la importancia de la idea al final del párrafo anterior. Porque si de algo no cabe duda, es que ésta es la película de Whedon. Es su carta de amor, la conclusión lógica de todo lo que nos ha insinuado con su trabajo y la absolución de su promesa, como guionista y director. A diferencia de prácticamente cualquier otro cineasta al que se le hubiese asignado, el director entiende el balance requerido:

Tienes que mantener a los fanáticos de los comics, pero al mismo tiempo, lograr que aquellos que no tienen la compresión o interés de conocerlo, puedan entender y emocionar con estos coloridos personajes más grandes que la vida.

Como ávido lector y escritor de comics además de cineasta y guionista, es obvio que su elección fue atinada, al cumplir con todos los requisitos de la lista ideal. La elección del estudio al darle libertad creativa se ve recompensada con creces. Su trabajo de preparación e investigación previa, fue ardua, ya que la aventura condensa algunos de los elementos más interesantes en casi cincuenta años de historias del equipo en dos horas con diez minutos.

Desde su labor al darle forma y estructura a una de los mejores guiones en la historia de la animación en Toy Story hasta lo que logró hace unos años con Serenity, está comprobado que conoce y entiende la dinámica de los ensambles. Probablemente el éxito más grande de los muchos que tiene la producción es la equidad de importancia y tiempo. Todos los personajes tienen su oportunidad para brillar, un momento de gloria, línea memorable o pose épica de batalla. Y no sólo hablamos del sexteto uniformado, sino también de personajes como Nick Fury (Samuel L. Jackson) y Phil Coulson (Clark Gregg), este último en su momento más grandioso.

Los temas que explora el guión incluyen la naturaleza del heroísmo, la redención, el sacrificio y la rivalidad fraternal. Estos conceptos, al igual que las causas que orillan a los personajes a unirse a la batalla, son enfrentados desde perspectivas tan diferentes como las personalidades y motivaciones detrás de cada uno de los héroes. The Avengers efectivamente ‘Assemble’, pero los motivos individuales son diferentes e interesantes en cada instancia.

Aunque estamos rodeados de semidioses, súper genios, leyendas vivientes y gigantes de jade, definitivamente lo más destacable dentro de su personalidad es su humanidad. No es necesario haber sobrevivido una explosión de rayos gamma para entender la desesperanza de Hulk o ser un hombre fuera de tiempo para tener empatía con la soledad de Captain America. Sus dinámicas están claramente definidas y uno puede entender por qué podría existir apego o desconfianza. Hay una estructura y una progresión en alza en la historia, las piezas caen en el momento adecuado y en la más pura tradición de Marvel, hay fricciones, recelo y conflicto, además de grandes expresiones y mucho humor. Los diálogos están condimentados con suficiente humor e ingeniosas referencias como para nunca olvidar que éste es un matrimonio de dos grandes mundos que se complementan perfectamente: Marvel y Whedon.

La mayoría de las decisiones son acertadas, ya sea el número de personajes que conforman el equipo, dejarle la responsabilidad de la cinematografía al nominado al Premio de la Academia, Seamus McGarve, el score sinfónico, incluso el obligado cameo de Stan Lee; sin embargo cabe destacar de entre todas estas, la excelente labor del casting.

Tenía mis reservas en cuanto a Loki como villano pero su actuación está a la altura de los némesis más legendarios e intimidantes. Desafiante y carismático, el personaje está mucho mejor logrado y es más sustancioso en esta ocasión que en Thor, y la batalla que lidera en el tercer acto es francamente uno de los momentos más impresionantes que pueda recordar en un blockbuster veraniego en mucho tiempo. En realidad, todas las batallas logran un balance entre lo visceral, lo pulido y lo caótico. Entre la serena precisión y el caos oscilante. Loki es un verdadero dios de las fechorías y el engaño, pero además logra imponerse físicamente. Mark Ruffalo es el Hulk definitivo y una adición atinada al grupo. Su monstruo de ID verde es más zen, heróico e incluso amenazador e interesante que en previas ocasiones.

Dadas todas estas opiniones, y considerando la afición que podría nublar mi juicio, no puedo más que llegar a la conclusión de que The Avengers no sólo tiene los elementos para argumentarse como la mejor película de comics, sino que debe entrar en la discusión de las mejores películas de acción en la historia. Acción inteligente, con mucho corazón y suficiente credibilidad como para satisfacer hasta al nerd más exigente.

Tal vez ahí radique el secreto de The Avengers: En que el fanático ES también el cineasta. El hizo la película que le permite descansar con tremenda sonrisa en el rostro, una que cimienta su legado y que logra satisfacerlo al mismo tiempo como lector de comics y autor fílmico. No es que Whedon esté adelantado a su tiempo en narrativa y visión cinematográfica de los superhéroes, es que el resto del mundo estamos años luz atrasados a este respecto.

Independientemente de su opinión técnica o personal sobre The Avengers, es innegable que estamos en la presencia de un trabajo increíblemente personal, de una verdadera labor de pasión y arduo esfuerzo. Y eso, en la realidad actual de la maquina carente de alma hollywoodense, es algo digno de sumo respeto y admiración.