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CARTA DE AMOR A JOSS WHEDON PARTE I

Aunque este espacio se ha dedicado a hablar sobre la televisión, considerando los acontecimientos actuales en el panorama de la cultura pop, no pude resistirme a hacer algo especial y diferente.

Joss Whedon está a punto de conquistar el mundo. Así de sencillo.

Con la excepción de Estados Unidos, el viernes se estrena a nivel mundial la película que con más ansias he esperado casi toda mi vida: The Avengers. Pocas son las ocasiones que recuerdo cuando el hype por un filme haya alcanzado niveles tan estratosféricos. La crítica habla en términos hiperbólicos de ella y francamente no puedo dormir de la emoción. Sé que difícilmente soy el único que se siente así (la tercera parte de esta entrega hablará sobre esta película y será publicada el viernes 27 de abril).

No sólo The Avengers es mi comic favorito desde la niñez, sino que Whedon es una de los creadores que más admiro, debido a sus contribuciones al comic y a la televisión, tema que usualmente ocupa al Dreamatorium, por lo que la entrega del jueves hablará sobre su aportación a este medio.

La primera entrega y con la que abrimos, habla sobre The Cabin In The Woods, cinta que Whedon co-escribió y produce. Mi favorita en lo que va del año, lugar que seguramente mantendrá de aquí al jueves a las 23:59.

THE CABIN IN THE WOODS Y LA CULTURA DEL SPOILER

Ésta no es una reseña sobre The Cabin In The Woods porque si algo no debe hacer alguien que tenga interés o la oportunidad de verla, es leer cualquier texto que revele información sobre ella. Si es posible, evite incluso ver el trailer o recibir comentarios de quien la haya visto.

Esta idea es más complicada de lo que pudiese parecer si consideramos que vivimos en la era de la sobresaturación de información: Estamos en Twitter, donde algunos tendemos a escupir toda clase de información inútil como si fuese un fluido de ideas, un stream of consciousness. En Facebook nuestros allegados nos informan qué comieron y dónde lo hicieron, sus opiniones políticas e incluso problemas existenciales, todo con minutos de diferencia.

En YouTube hay trailers para los trailers y se puede ver cómo graban la escena final de Les Miserables, meses antes del estreno de la película. Existen foros que disecan información, línea por línea, cuadro por cuadro, como si se tratase de un estudio arqueológico.

En los sitios de los canales televisivos hay adelantos exclusivos de las próximas transmisiones, los portales en línea, en su eterna búsqueda de clicks, investigan exclusivas, revelaciones, spoilers, etc. Es bueno informarse. El conocimiento es lo más maravilloso que existe en la vida… Sin embargo ¿No creen que a veces es demasiado?

The Cabin In The Woods es simplemente una de las películas más inventivas en el género del terror. Incluso me pregunto si es correcto categorizarla de esta manera. ¿Es una comedia? ¿Una tesis? ¿Una carta de amor? ¿Una de odio? De todo lo que he visto en cine en tiempos recientes, es la que más podría calificar como sui generis.

El equipo de escritores de Joss Whedon (quien funge como productor) y Drew Goddard (escritor de Cloverfield, y aquí se estrena como director) recolectan algunos de los clichés más comunes del terror, los desarman y crean algo totalmente nuevo y divertido. Ésta es la mejor analogía que se me ocurre: Es como entregar a un científico tu aspiradora en pedazos para que la repare, y él te regrese un rayo láser.

En la única escena que estoy dispuesto a mencionar de la película, los personajes hablan sobre disfrutar un fin de semana libre de teléfonos celulares y otras comodidades a las que estamos acostumbrados. Es como si el mensaje de la película se tratase de una meta-lección por parte de Whedon y Goddard.

A veces parece que es más importante avisarle al mundo que hacemos algo, en vez de hacerlo con toda nuestra atención y pasión. Nos importa más desmenuzar y compartir, que zambullirnos completamente en el suceso. Encontramos cierto tipo de placer sádico en arruinar la experiencia para terceros, y no nos emocionamos así porque ellos también la vivan.

No me extrañaría que en las próximas olimpiadas, algún atleta cruce la línea de la victoria y en lugar de celebrar el momento, abrazar a sus entrenadores o empaparse del momento, simplemente corriese a su móvil para twittear la noticia de su victoria.

Esto hace de The Cabin In The Woods un clásico contemporáneo. Una película que, aunque difícilmente alcanzará grandes números en taquilla o premios, (podría dudar de esto último, basta ver los marcadores asombrosamente altos que ha alcanzado en Rotten Tomatoes) será recordada y apreciada en los anales de la historia.

Es un clásico, porque logra capturar la conciencia de una era alcoholizada e infatuada con la accesibilidad de información y conveniencia: la actual. Sin embargo seguirá siendo increíblemente divertida dentro de veinte años, cuando la realidad haya cambiado por completo. Generará la misma sorpresa a quien la vea por primera vez en cines este año, que a quien la vea en el equivalente al formato Blu-Ray dentro de quince.

Probablemente alguien que sepa más de cine que yo podrá encontrarle fallas que yo no noté. Entrará en un largo discurso de todos los defectos que tiene y por qué deben o no verla, y bajo qué términos. A mí me recordó tiempos más sencillos: cuando siendo muy pequeño vi The Never Ending Story en el cine y en la fila para entrar a la sala, hacía mis teorías de cómo este niño tendría aventuras espectaculares, teniendo como única referencia las fotos que ponían junto a los carteles.

Claro que la idea de un bote de basura que te tele transporte a una tierra mágica, no tiene mucho sentido en términos de historia o lógica, pero existían interpretaciones. No se filtraban los guiones y los finales. No leías las negociaciones de Variety. Existía el concepto de la sorpresa, de lo inesperado. De ir al cine y que se te cayera la mandíbula al escuchar “No. I am your father” (Y no “Luke, I am your father” como es comúnmente mencionado), “I see dead people”, o descubrir la identidad de Keyser Söze.

The Cabin In The Woods es un recordatorio a todo esto. El mismo Whedon antedata esta idea en una entrevista con The A.V. Club cuando menciona:

Yo tuve hermanos mayores y no creo que haya algo peor que un hermano mayor. Me contaron el final de prácticamente todo antes de que lo pudiera ver. Desde muy temprana edad pensaba “Esto hubiera sido más divertido si no hubiera sabido lo que iba a pasar antes de que pasara”. Me volví un poco neurótico al respecto y la gente no entendía lo que me ocurría.

Así que me senté, pensé al respecto y descubrí que existe una filosofía detrás, una de la que he hablado con anterioridad y no te aburriré con ella. Es la idea de que la sorpresa es el punto de la narrativa y la emoción más honesta, porque es algo que te hace sentir más humilde. La sorpresa significa que tienes que reexaminar lo que pensaste. Significa que estabas equivocado sobre cómo estaban estructuradas las cosas y eso es lo emocionante y verdaderamente importante. Es también lo que hace una buena historia. Digo, The Sixth Sense (Sexto Sentido) es buena la segunda ocasión que la ves, pero la primera es deslumbrante. Cuando importa, cuando logra una diferencia, permitirte vivir la historia, dejar que la narrativa acontezca en vez de esperar plantillas, es una mejor experiencia, una que te alimenta. Necesitamos narrativa, nos alimenta de una forma particular, y deconstruirla completamente sin haberla experimentado de antemano, nos deja malnutridos.

Aléjense de los spoilers de The Cabin In The Woods como de la plaga. No se arriesguen. Y vayan a verla al cine en cuanto esté en las salas. Tal vez les guste, tal vez la detesten. Pueden salir con la cabeza explotada después del tercer acto o simplemente decir que fue intrascendente… Pero formulen su opinión. No busquen el significado, intenten establecer uno propio. El mundo necesita menos críticos y más creadores. Menos líderes de opinión y más visionarios. Más sorpresas y menos comida pre-masticada. Los tropos y convenciones están para experimentar con ellos y las sorpresas son para vivirlas.