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¡Ya no le muevan!

Sigo mareado por tanto zangoloteo del temblor y sus más de 20 réplicas… Sin embargo, ése no es pretexto para no escribir.

A lo largo de dos años esta columna ha criticado y señalado algunas fallas o errores de distintos gobiernos e instituciones, no importando su color de partido, género o ámbito de poder. Cada texto refleja el sentir de la población o de alguna minoría.

Pero El Mundo a Guitarrazos también reconoce aciertos. ¡A lo que nos truje chencha!

Este martes 20 el temblor de 7.8 grados en la Escala de Richter causó daños menores en la Ciudad de México. Un puente cayó sobre un microbús, no hubo heridos. Un puente vehicular de Zaragoza se cuarteó, la línea A del Metro se averió y unos que otros cristales se reventaron, pero nada grave que lamentar.

Éste fue el temblor más potente (al menos en la escala Richter) luego del que se sintió en 1985 de 8.1 grados y que dejó más de 6 mil personas fallecidas, de acuerdo con información oficial; extraoficialmente se habló de 10 mil muertes.

El terremoto del martes, que causó una que otra crisis nerviosa y desmayos, fue punto ocho grados mayor al de Haití que devastó la isla y que dejó más de 50 mil muertos.

¿Qué pasó entonces? ¿Somos tan suertudos? ¿Nomás fue aviso de los mayas?

La verdad es que la ciudad está mejor preparada. Aguantó como las grandes. La población se lleva las palmas, nadie corrió cual Chicken Little por Reforma o Insurgentes…

Por primera vez podemos decir “de algo han servido los simulacros”. Son pocos los que los ven como una hueva absoluta. Las autoridades de Protección Civil salieron a hacer su trabajo, a hablar en los medios, a detallar y responder por las afectaciones.

Debemos estar contentos, sí. Debemos estar satisfechos, no. Es buen momento para no bajar la guardia y continuar con los simulacros, con los conocimientos de primeros auxilios, con los cursos de protección civil, con el ABC de las emergencias.

Los teléfonos a la mano, las lámparas y radios de pilas, los documentos importantes en una caja y bolsa de plástico. No está de más, pues.

Por lo pronto, el de 7.8 grados nos hizo cosquillas y nos provocó el váguido, aunque nunca se sabe cuándo la tierra querrá liberar tensión otra vez.

¡Aplausos! ¡De esas veces que te da orgullo ser parte de esta caótica ciudad!

Si no están bebiendo para tener razones pal’ mareo, investigando sobre profecías mayas o bailando ochenteramente como Chico Che, los espero en Twitter:

@RodolfoZapata