HABLO PORQUE TENGO BOCA
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Periodista
septiembre 8, 2011
La cultura en manos de los incultos

Dicen que el interés tiene pies. Hoy tengo ganas de hablar de una situación donde queda claro que la estupidez nos tiene al revés. Y para muestra, un horrible botón que se ha manifestado desde hace algunos meses en contra de la ya de por sí vapuleada y desterrada cultura. Para acabar pronto baste recordar que la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal la preside una señora (no le pongo título académico como Licenciada, Maestra o similares, porque no se conoce dicha información) de nombre Edith Ruiz Mendicuti. La señora ha hecho diversas declaraciones que le han valido innumerables críticas en diversos medios de comunicación (dice que no lee novelas porque no tiene perfil de soñadora, confundió a José Emilio Pacheco con Tennesse Williams, escribe con más faltas de ortografía que un niño de primaria). Y debe quedar bien claro antes de seguir adelante: ¡ella es quien preside la Comisión de Cultura del D.F.!
 
Suficientes problemas tiene ya la diputada (que por cierto tiene como imagen de entrada en su página de Internet, una foto fechada en septiembre de 2011, cuando al tiempo de escribir esta columna apenas estamos en agosto) como para echarle más leña al fuego. Es ignorante, desdeñosa de la crítica, vive llena de sí misma y desconoce el uso de las comas, como ejemplifica este fragmento de uno de sus informes: “Es necesario que el Gobierno Mexicano fije criterios para clasificar la música que tenga ciertas restricciones para su adquisición".
 
 
En este espacio deseo expresar mi total indignación ya que, una vez más, alguien con cierto acceso a espacios informativos dice que el metal debe ser censurado, porque promueve prácticas como el satanismo. Suponiendo que eso fuera cierto, la señora (y para el caso varios jerarcas católicos, grupos de padres de familia y en general personas ignorantes y mojigatas) olvida el principio básico del artículo 24 de nuestra Constitución, que dice: “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”.
 
¿A qué tipo de satanismo se referirá la señora legisladora? ¿Al de LaVey, al de órdenes como la Misantrópica Luciferiana (hoy llamada Templo de la Luz Negra), al odinismo? Porque todos estos son bastante inofensivos –en el sentido de que no promueven el delito–, cuando mucho incentivan al individuo a pensar por sí mismo, sin la venda cegadora de la religión “oficial” del mundo occidental. Así pues, si a los metaleros se nos da la gana escuchar rock satánico (indignante etiqueta inventada por equivalentes a Ruiz Mendicuti en países como Estados Unidos) estamos constitucionalmente protegidos. Eso significa que sus intentos de censura, fuera de ganarle el aplauso de un puñado de retrógradas como ella, sólo reflejan su falta de cultura y su paranoia religiosa. Si nosotros quisiéramos, señora legisladora, podríamos hacer una marcha, digamos, el 11 de noviembre de este 2011 –día nombrado por VH1 como Día del Metal– y caminar del Ángel al Zócalo, para llegar ahí y cantar temas como “Pasaporte al Infierno”, “Escupiendo la Biblia” o “El ángel de la lujuria”. Tenemos el derecho de hacerlo, y de acuerdo a su propia descripción de cultura (“es toda obra humana producto del pensamiento, del espíritu y del trabajo”), el heavy metal –satánico, suicida, sangriento o no–, es una forma de expresión cultural que, afortunadamente, no está al alcance intelectual de gente como usted. Siga con su incansable lucha –cualquiera que esta sea– que nosotros, los metaleros, aquí estamos para ayudarla a salir de la oscuridad.