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103:: Molotov y Olallo Rubio

Como nación, hemos vivido algunos de los meses más extraños de los últimos años, como sociedad todos nos volvimos haters. Pero claro, el hater y su oficio no se limita a temas de índole político, al contrario, el ser hater (quejarse de todo incesantemente con pocos o ningún argumento) es algo que a bien tuvieron darnos las nuevas formas de socialización encubadas en redes sociales, o dicho de modo más coloquial; sin importar de qué se hable alguien siempre estará tirando mierda.  Así creamos un número que desglosa el colorido abanico del hate en diferentes ámbitos, desde el musical, hasta el arte y el cine, pasando por la política. Los ánimos generalmente tranquilos, se exaltaron ante las oscuras posibilidades que las pasadas elecciones nos ofrecieron. Desde la selección literaria de EPN hasta la prohibición de cuchi chuchi propuesta por JVM, pasando por la república amorosa de AMLO, todo no logró más que confundirnos, enfurecernos o en el mejor de los casos, hacernos reír.  Las calles se llenaron de discusiones apasionadas, donde cada uno defendía o atacaba al otro con el mismo odio; amistades se rompieron, memes se crearon, multitudes se levantaron, contamos hasta 132, y al final se eligió (¿?) un gobernante. Como medio dedicado principalmente a la música, nos resultó imposible no recordar  un momento similar en nuestro pasado cercano cuando decidimos la portada de este número, me refiero –por supuesto– a la primera vez que cada uno de nosotros escuchó “Gimme Tha Power” de Molotov. “El pueblo unido jamás será vencido” cantaban en el 97, creando el último himno político que el rock mexicano nos ha dado. Aparentemente y en un coincidencia que sólo puede ser resultado de un momento decisivo en nuestra sociedad, Olallo Rubio (legendario locutor de Radioactivo y director de cine) también recurrió a este fresco recuerdo al proponerse contar la historia de la banda. “Molotov es producto de su entorno”, nos contó en entrevista, señalando la importancia de reconocer cómo el contexto genera reacciones en cadena;  del mismo modo una serie de eventos se suscitaron en los meses previos a la elección, desde la creación a tientas de movimientos estudiantiles, hasta la salida del documental que Olallo pensó por allá del 2003, el cual nos hizo pensar en la importancia de Molotov, una banda que rompió todas las reglas, y quizá de manera más importante, hablar con Molotov y Olallo nos recalcó la importacia de la atemporalidad de la denuncia, de la queja y la acción. “El mundo no se cambia votando un domingo”, nos dijo Olallo, y nosotros estamos de acuerdo.

JIMENA GÓMEZ ALARCÓN