simpsons_mm

Bandas animadas

En muchas ocasiones, los personajes de las caricaturas de todos los tiempos han incursionado en el mundo del rock, unos con mejor suerte que otros. En películas, discos o como parte de un episodio más en su historia, la música también ha vestido el traje de toon.

 
They Were All Yellow
 
“Fue lo único que aprendí en la escuela”, le respondió Otto a Bart Simpson cuando el niño subió al camión escolar con un deslumbrante ejemplar eléctrico, que Otto le arrebató para ejecutar un solo digno de Eddie Van Halen. “No sabía que supieras tocar la guitarra”, le dijo Bartolomeo a su amigo, el célebre treintañero que nunca sale de casa sin sus audífonos. Después de un rato, observamos a Otto tocando diferentes canciones para beneplácito de los niños, que habrían de llegar retrasados a la primaria. En Los Simpson, el rock and roll es uno de los más habituales invitados. Para el fanático promedio de los personajes amarillos, resultan familiares los cameos que han realizado bandas como Ramones, Metallica, Red Hot Chili Peppers, Smashing Pumpkins, Cypress Hill o Aerosmith; así como también la parodia que Homero, Barney, Apu y Skinner realizaron a The Beatles con la creación del ensamble vocal Homero y Los Borbotones. Inclusive, uno de los días más importantes en Springfield fue la visita de Spinal Tab (Los Médula). Sin el rock, Los Simpson serían lo mismo que si Otto hubiera aprendido más en la escuela y no condujera su camión escolar.
 

 

 

El lado oscuro de la esponja
 
No es en vano que exista una iglesia en Estados Unidos que adore a Bob Esponja. El fumadísimo –para algunos ñoño– personaje pondera al rock and roll como una salvación. En su película –producida por Paramount y Nickelodeon–, Esponja y su inseparable Patricio Estrella se aventuran a explorar Ciudad Almeja en busca de la corona del Rey Neptuno, que el malvado Sheldon J. Plankton hurtó para incriminar a Don Cangrejo. Luego de una serie de aventuras que harían palidecer al mismísimo Ulises, Bob se encuentra al borde del fracaso hasta que la inspiración rockera lo contagia. Con ayuda de su guitarra interpreta una parodia del tema “I Wanna Rock”, original de Twisted Sister, que bautizó como Goofy Goober, que a su vez en la versión en español conocimos como Quiero ser un cacahuate. En la última secuencia de la película, la estridencia del heavy metal interpretado por Bob y Patricio, logra romper los cubos de control mental que Plankton había colocado a los habitantes de Bikini Bottom, en un involuntario homenaje a The Wall, de Pink Floyd. “¡Su música es genial! ¡Los cascos no soportan este nivel de rock and roll”, grita un alarmado Plankton cuando los rayos láser que brotan de la guitarra de Bob –toda una referencia glam– destruyen las cubetas de control mental que colocó en la población de la ciudad submarina. Cualquier semejanza con “Hey! Teacher! Leave the kids alone!” es mera coincidencia.
 

 
 
El último Guitar Hero
 
Una de las más ácidas críticas a los entretelones de la industria musical, particularmente a la dinámica en la que suelen caer las bandas de rock, corre por cuenta de Kyle Broflovski y Stan Marsh, de South Park. Inicialmente, ambos chicos marcan un récord difícil de igualar en Guitar Hero tocando a Kansas en nivel experto: 100 mil puntos. Ambos son contratados por una gran compañía, pero Stan es seducido por un empresario discográfico de los videojuegos para que corra a Kyle del “grupo”. Ambos se mandan al demonio (¿Les suena a Noel y Liam, a Slash y Axl o Saúl y Alejandro?) y separan sus caminos. Las alusiones a los grupos que de la independencia se convierten en grandes monstruos del mainstream –y cualquier semejanza con Interpol o Kings of Leon es mera casualidad– y las enemistades que genera entre sus integrantes, son retratadas con más ácido del que cabe en la mitad de un limón, y algo similar pasa con las drogas: una vez que Kyle se ve fuera del “grupo”, acude a una tienda de videojuegos en la que una especie de dealer lo engancha a un juego adictivo, en el que “uno persigue un dragón, nunca lo alcanza, pero sólo se trata de perseguirlo” hasta reducirlo a la caricatura de un junkie al estilo Pete Doherty. Al final, Kyle y Stan se reencuentran y ofrecen un concierto de Guitar Hero; “¡mira, el público de video nos adora!”, le dice Stan a Kyle en uno de los mejores momentos del episodio mientras la gente de Guitar Hero los vitorea por su interpretación. No cabe duda: Video game killed the radiostar.
 

 
La insoportable levedad de Shrek
 
Sí, no todo es miel sobre hojuelas. Algunos guiños entre los dibujos animados y la música de verdad apestan. Tal es el caso de la versión de “Livin’ la vida loca” que interpretan los personajes de los cuentos de hadas al final de la primera película de Shrek. Pero vale la pena que hablemos de ella por una razón: apesta tanto como el pantano en el que el ogro vivía, mucho más que los eructos y flatulencias que no se cansa de soltar a lo largo de la película, y mucho, pero mucho más que el mundo mismo del pop. En primer lugar, nos muestran un escenario descomunal, súper producido, pletórico en adornos y pirotecnia… para interpretar un cover sin ningún tipo de sorpresa o arreglo original. Después, tanto la imitación que Pinocho hace de Michael Jackson como el gag de la persona que se lanza para surfear entre el público (la misma audiencia que se abre para no recibir a Shrek y dejar que se golpee contra el piso) está de más: ¡Todos sabemos que nadie haría eso en un concierto de Ricky Martin!
 
 

 
Las enseñanzas de Don Zombie
 
¿Qué sería del rock and roll si no existieran las drogas y el sexo? Beavis and Butthead, los dibujos animados que hicieron de mi generación noventera una turba de simplones descerebrados que sólo pensábamos en sexo y heavy metal, plantearon una de las secuencias más divertidas, bizarras y absolutamente alucinantes del cine de animación. Claro, cuando Rob Zombie es quien se encarga de servir como guionista de un mal viaje de peyote, el resultado tiene que ser excepcional. En la película Beavis and Butt-head do America, que se estrenó en 1996, ambos terminan abandonados en el desierto donde comen un poco de cactus de mescalina: “¡Wow! ¡Estoy alucinando! ¡Esto es como un video musical!”, dice un eufórico Butt-head antes de que ambos se suman en un desfile circense de freaks y criaturas ideadas por el mismísimo Zombie, mientras suena la rola “Ratfinks, Suicide Tanks and Cannibal Girls”. Quiero ver que Los padrinos mágicos se atrevan si quiera a la mitad de eso.
 
  

 

 
TXT:: Arthur Alan Gore.